Lo que tus amigos pueden enseñarte sobre el dinero, y que te han enseñado sin darte cuenta

Recibí lecciones, —sin saberlo—; de un carro callejero de comida casera, al ver cómo se hacían colas y colas para hacer su pedido.

En otro momento, una amiga ofreció pagar toda la cuenta de un grupo de amigos que fuimos a comer, —a la vez que tomaba el efectivo proporcional de cada uno—; “por puntos”. Eran otros paradigmas, otros tiempos, otras creencias colectivas con respecto al dinero. Tal vez ahora, para comprenderlo a fondo tendría que tocar los temas de tasas anuales y sus equivalentes, entrar de lleno al tema de deuda por tarjeta de crédito, planes de pago y un largo etc.

Los cambios generacionales siempre acarrean su montón de nuevos retos y enfoques, millennials y generación Z prefieren buscar consejos financieros entre ellos mismos que con sus padres, —a los cuales les critican todo, las finanzas no iba a ser la excepción—; o con profesionales financieros.

No les gustan las hojas de cálculo abrumadoras, —que es, como perciben ellos, el mundo financiero—; pareciera tratarse de, un todo, un idioma diferente. No confían en grandes bancos e instituciones que intentan venderles estrategias de inversión, dado que muchos de ellos fueron criados en épocas de crisis financieras, —la de 1994 para el caso de México, la del “dot com”, a inicios de los 2000; o la de la crisis subprime a nivel mundial en 2008—; las conversaciones sobre crisis han sido parte del menú que han consumido en largas sobremesas desde muy temprana edad.

Y no están equivocados: hay mucho que aprender al comparar números entre sí, desde compartir cuánto ganan, —tema que sigue siendo tabú—; hasta resolver grandes decisiones, como comprar una casa, un auto o iniciar una familia, —esta última tal vez la decisión financiera más importante de toda su vida—.

Es común escuchar hoy en día a jóvenes, —y no tan jóvenes—; decir cosas como que cuando su padre tenía su edad, ya había empezado a invertir en bienes raíces, pero ahora con los precios inmobiliarios tan altos y las tasas hipotecarias por las nubes, ni siquiera son capaces de imaginar poder seguir los pasos de su padre. Esto se convierte en una fuerte creencia generacional, en un paradigma a derribar bloque por bloque.

Juan Pérez, nuestro personaje ficticio para ponerle nombre a este millennial o miembro de la generación Z, describe sus finanzas como “bastante buenas” hoy en día, aunque tiene una imagen negativa de la economía en general, de acuerdo con una encuesta entre personas de 18 a 29 años realizada por el instituto de política en la escuela de Kennedy de la universidad de Harvard.

Los millennials aún no se recuperan del impacto de recesiones consecutivas, al tiempo que los cierres de grandes bancos a nivel internacional y las estafas de inversión dominan los titulares.

La gente más joven reporta un sentimiento de “evasión financiera” exacerbado por una inflación elevada y el ajuste de presupuestos de la era de la pandemia.

Hasta junio de 2023, una encuesta de Gallup reveló una fe históricamente baja en las instituciones estadounidenses, —lo mismo sucede en cualquier país hispanoparlante—; al tiempo que generaciones más jóvenes expresaban mucho escepticismo. De acuerdo con Gallup, solo el 9% de los encuestados de 18 a 34 años expresaron “bastante” confianza en los bancos; mientras que 47% y 28% dijeron tener “algo” o “muy poca” confianza, respectivamente.

Cuando se trata de ganarse de vuelta a los consumidores jóvenes, estas mismas instituciones financieras no se han dado totalmente por vencidas y están lanzando nuevos programas de alcance y asesores robóticos, lo que en parte ha ayudado a formar una conexión con jóvenes millennials y generación Z.

No obstante, muchos jóvenes aún dicen preferir las plataformas de inversión estilo “hazlo tú mismo” como Robinhood y Acorns, —incluso como la tristemente célebre FTX— por encima de asesores tradicionales en firmas de gestión patrimonial más establecidas.  

El temor y la culpa en torno a poder comprar o lograr tanto como sus padres afloran cuando los millennials hablan de sus frustraciones financieras con personas mayores. Por eso las “lecciones” y “consejos” de sus amigos a menudo resultan más constructivos.

En nuestra comunidad reunimos a estudiantes para que resuelvan problemas financieros. Nos esforzamos por reunir a personas con antecedentes similares. Hablar con alguien que hace apenas unos años salió de la situación en la que te encuentras actualmente significa que podemos interiorizar mejor los mensajes, y, potencialmente, ejecutar sus consejos. Principalmente, da un mensaje de esperanza, un contundente mensaje de que alguien ya lo ha conseguido.

Compartir consejos sobre dinero y conocimiento financiero con los amigos no solo beneficia a quien solicita orientación, la persona que ofrece el consejo también aprende mucho de su propia postura, porque compartir su historia y forjar lazos con un compañero le ayuda a aumentar su propia confianza y convicción en su perspicacia financiera. O, como lo diría el maestro Ruiz Soto: “No hay individuos, solo espejos”.

Sin embargo, apoyarnos en nuestro círculo social también puede ejercer presión sobre las relaciones en sí; nadie quiere ser responsable de nuestra decepción cuando una decisión financiera que funcionó bien para alguien no encaja tan bien en otras personas.

Como entrenador financiero te recomiendo estar en sintonía con tus más íntimas reacciones emocionales cuando evalúes el consejo de un compañero, ¿acaso la hoja de ruta que siguió la otra persona se alinea con tus propios valores financieros? ¿Te presiona para vivir encima de tus posibilidades o desafía tu tolerancia personal al riesgo? Si la respuesta no parece clara, podría ser momento de recurrir a un profesionista financiero, a un entrenador en finanzas, que no tenga conexión emocional contigo o con tu estatus financiero.

Juan Pérez dijo que él y sus amigos comparten consejos sobre cuáles cuentas de ahorro de alto rendimiento ofrecen las mejores tasas, y cuando investigó sobre tarjetas de crédito, eligió una tarjeta recomendada por un amigo. A la hora de trabajar con un asesor financiero o incluso con un gestor patrimonial algún día, es altamente probable que trabajes con alguien recomendado a través de una amistad. Las personas de nuestra comunidad, llegan a nosotros en un 90% por recomendaciones de clientes.

“Tengo una gama realmente amplia de amigos que están en muchas situaciones financieras diferentes, pero yo diría que una marea alta eleva a todos los barcos”, finalizó Juan Pérez.

Otros ejemplos de cómo todos podemos “aprender”, sin saberlo; temas financieros, y conductas relacionadas con dinero, de familiares, amigos y de nuestro contexto en general.

Antonio creció viendo como sus padres, tíos vecinos y amigos gastaban todo su dinero en cuanto lo recibían. Antonio aprendió como consecuencia que el dinero era algo que debía gastarse inmediatamente. Su reto principal era aprender sobre planificación financiera, cambiar su mentalidad y comenzar a ahorrar para metas a largo plazo.

María convivió con compañeros de universidad que usaban sus tarjetas de crédito a diestra y siniestra, María desarrolló el hábito de “cargar” con deudas constantemente. Su reto principal era entender los riesgos, y cambiar su perspectiva sobre el crédito y adoptar hábitos de gasto más responsables.

Luis escuchó de un hermano de su papá, cómo se lamentaba por una inversión que le había resultado mal; y lo mismo se repetía cada determinado tiempo. Luis aprendió a temerle al mundo de las inversiones, su nivel de tolerancia al riesgo era de cero. Su principal reto entonces era: educarse y superar sus miedos, convertirse en un inversor exitoso, y cambiar mucho de su sistema de creencias, lo cual literalmente abre puertas financieras.

Andrea creció en una familia en que las emociones eran gestionadas en el centro comercial, o en el supermercado, comprando comida. Andrea aprendió, comprar impulsivamente, a buscar lo que yo llamo: “terapia de centro comercial”; lo que entre otras cosas la llevó a tener unos kilos de más. Su reto principal era reflexionar sobre sus patrones de gasto, adoptar un enfoque consciente, salir de la negación y elegir calidad sobre cantidad, cambiar su relación con las compras. Buscar otro tipo de recompensas, como el de sentir un gran placer y paz al aumentar su flujo de dinero que pasa, y se queda en sus manos y como esto tiende a crecer todo el tiempo.

Laura fue testigo de múltiples pleitos por motivos de dinero, incluso en las películas y series que acostumbraba a ver. Sus padres, tíos y conocidos, todos peleaban en diferentes momentos por temas de dinero. Laura creía que el dinero era motivo de estrés. Su reto principal consistía en adoptar prácticas de mindfulness financiero, cambiar su actitud hacia el dinero, lograr verlo como una herramienta para crear una vida significativa, como un gran aliado.

Marta aprendió en su casa con sus hermanos mayores, que cualquiera “excedente” de dinero debería ser exterminado, que era un peligro. Marta aprendió a derrochar en cosas innecesarias. Su principal reto era lograr una revelación personal, cambiar su enfoque y eliminar gastos superfluos, priorizando lo que realmente le aporta valor a su vida. Y el más importante: Tener siempre, sí o sí, excedentes financieros, pues son la boleta de calificación de la vida real.

Carla siempre dependió desde niña de alguien más, primero de sus padres, luego de su pareja. Carla aprendió a depender económicamente de otros. Su reto principal consistía en educarse sobre la independencia financiera, sobre aumentar exponencialmente su autoestima, cambiar su enfoque, priorizar su autonomía económica y tomar el control de su futuro. Comprender que esa autonomía era a la vez sinónimo de libertad, estaba atrapada en un ciclo sin fin.

Javier era desde muy joven muy introvertido, tímido e inseguro en exceso. Javier evitaba negociar por temor al rechazo, aceptaba cualquier cosa en temas de sueldo, sociedades, negocios, etc. Su reto principal consiste en cambiar su mentalidad y reconocer su propio valor, convertirse en un experto negociador, demostrar que cambiar la perspectiva personal influye en el éxito financiero, y, por lo tanto, en todos los aspectos de su vida.

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