El Jinete sin Cabeza

Era una mañana fría, eso no era obstáculo para que se congregaran varias personas de la tercera edad, llegaban por ambos lados de la calle, a pie, en auto, algunos caminando y otros en silla de ruedas o en andadera. Se saludaban, a algunos les costaba trabajo reconocer al interlocutor, por las fallas en la vista o en la memoria. Se hacían pequeños grupos y comenzaban a recordar viejos 21698_retiro-de-ahorrostiempos, platicaban de cuando eran jóvenes y pretendían a algunas de las señoras presentes o ausentes. Contaban anécdotas del pasado, preguntaban por algún conocido en común, se ponían serios cuando hablaban de alguien “que se había adelantado en el camino”.

A veces compartían orgullosos los logros de sus hijos o de sus nietos, incluso de los bisnietos; otros platicaban sus problemas de salud o sus penurias económicas. Uno que otro recordaba emocionado sobre sus primeros empleos, que era donde muchos se habían conocido, hacían remembranza de sus progresos en la vida laboral, no faltaban los que habían vivido algún tiempo lejos de su lugar de nacimiento donde probaron fama y fortuna, algunos previsores tenían la tranquilidad de haber formado y cuidado un patrimonio para tener una vida sosegada en su vejez, casas en renta, propiedades, negocios o ahorros.

Los más, vivían al día, sujetos a lo que su familia o un alma caritativa les quisiera dar y esperando ese tipo de ayudas o vendiendo poco a poco sus exiguas pertenencias. De pronto, todos los cuchicheos cesaron, se empezaron a organizar, pues llegaron los pagadores del programa social. Para los viejecitos ese era día de fiesta, pues cobrarían escasos 100 dólares de apoyo, buenos en comparación de nada, nada en comparación de sus necesidades. En los alrededores aguardaban familiares, algunos para ayudarles, otros para quitarles el poco dinero que cobraban. Este es un verdadero cuento de terror financiero, llegar a vivir la vejez sin dinero suficiente para satisfacer las necesidades propias de esa etapa de la vida.

La vida es como una carrera, el jinete debe ir administrando la fuerza y potencia del caballo, sería un error forzarlo al principio y no dejar nada al final de la competencia, un caballo sin una buena rienda, es como si lo montara un jinete sin cabeza, al menos sin cabeza financiera.

 

 

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