Gastón y Gastona en un Viernes 13.

Gastón y Gastona eran una joven pareja de recién casados, tenían buenos empleos en la misma empresa, gustaban de vivir bien, el hoy y el ahora, no reparaban en gastos, iban a los conciertos de cantantes de moda y a los espectáculos de mayor renombre. De lunes a viernes casi siempre comían fuera, en pareja o con amigos, los fines de semana no faltaban las reuniones en su casa, o en algún lugar de actualidad y calidad. Usaban ropa de marca, lo último en tecnología, el celular más caro y moderno, autos del año, tarjetas de crédito: ¡todas y hasta el topedetroit-cartoon-2!. Con el tiempo llegarían los niños, ellos claro, en la más cara escuela de la ciudad; no la mejor, la más cara. Aunque hacían malabares financieros, había que estar siempre “inn” y en los mejores lugares, ello implicaba la membresía al club deportivo, vacaciones en la playa, vivir en la mejor zona, aunque fuera rentando, pero eso sí, en la mejor zona. A pesar de tener ingresos aceptables, por su indisciplina casi nunca “llegaban a fin de mes”. Siempre iban corriendo con algún familiar a pedir prestado para el médico de los niños, para la colegiatura, o para la despensa, cuando no funcionaba el clásico “tarjetazo”.

Así transcurría la vida de los Gastones, entre luces, reflectores y “tarjetazos”, hasta que un fatídico día, un viernes 13, les anunciaron recorte de personal, pensaron que lo peor que podía pasar es que a uno de ellos le notificaran el cese, pues no cabría en sus posibilidades que a los dos les pidieran la renuncia, pero así fue, de pronto los dos se vieron en la calle y sin trabajo. “Pronto conseguiremos algo”, se consolaron mutuamente, llamaron a los amigos, compañeros de la universidad, conocidos e incluso a quienes conocían de vista, pero nunca saludaban, les fueron a entregar sus curriculum. Comenzaron a pasar los días y semanas y nada pasaba, en algunos lugares les daban esperanzas, en otros de plano les decían que no había vacantes, en muchos sitios escuchaban la consabida frase: “nosotros te llamamos”. Un buen día, ante la falta de opciones, decidieron emprender un negocio con algo de dinero sacado de las tarjetas de crédito. Hicieron cuentas, rascando aquí y allá lograron juntar algo, hicieron operación “cajero” un viernes, guardaron el dinero debajo del colchón y salieron a almorzar en familia al otro día, la ocasión lo ameritaba. Por fin, luego de semanas de angustias parecía haber un destino claro, se fueron a compartir en familia y al regresar algo raro se veía en la casa. Al llegar, ambos tuvieron un mal presentimiento, la puerta estaba abierta, los cajones revueltos. Rápidamente buscaron y no encontraron computadoras, relojes, joyas, ropa, televisiones, se llevaron hasta la licuadora, con el corazón agitado buscaron abajo del colchón. . . y también el dinero había desaparecido. Fue en ese momento que se dieron cuenta que además faltaba un auto.

De pronto se oyó un grito, todo había sido un sueño, con variantes, ambos habían tenido una pesadilla muy similar, dieron un vistazo al reloj, e incrédulos miraron la fecha, era viernes 13. Vivir al día, no es buen asunto, despilfarrar en lujos y posponer las necesidades no es nada inteligente. Debemos por lo menos tener un ahorro para cubrir nuestros gastos más indispensables durante seis meses y no depender de una sola fuente de ingresos. Por otra parte, ahorrar en tandas o debajo del colchón no ofrece garantías, en cualquier momento el dinero puede “volar”, por ello es importante guardar nuestro dinero en instituciones formales. Sacar recursos de una tarjeta para pagar otra, es síntoma de que es urgente una terapia financiera.

 

Entre el 90% y el 95% de las personas en el mundo sin educación emocional y financiera, viven en lo que se conoce como “quiebra técnica”, es decir; a solo una quincena o un cheque de pago de la banca rota. Es decir, dependen de su siguiente ingreso para pagar lo más indispensable. Esto es una luz roja gigante, esto es alarmante !
Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

 

 

 

 

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