El Pato de Oro y la Casona Misteriosa.

Este post es el primero de la serie: HISTORIAS FINANCIERAS DE TERROR. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia; sin embargo de antemano debo comentar que la solución a todas estas historias es una:  EDUCACION EMOCIONAL Y FINANCIERA. Bienvenidos todos.

Ésta esficrea1 la historia de Conficia, una persona como su nombre: confiada, a la que no le interesaba saber más de lo que ya sabía, decía que no era necesario, y que cuando necesitaba algo, siempre estaba alguien para resolverle la duda o el problema. Para ella el mundo funcionaba como debía, vivía el día a día con el mínimo esfuerzo, creía en la buena fe y en la seriedad de la palabra empeñada. Conficia era una mujer de edad, con arrugas en la cara, sus ojos eran negros y estaban hundidos, casi no se le notaban las pestañas; por la delgadez de la cara se le marcaban perfectamente los pómulos, su cabello era negro con indicios de cabellos blancos, siempre vestía con tonos oscuros, usaba medias negras y zapatos planos, muy callada y ensimismada, parecía que siempre tenía prisa. Era una persona de rutinas, no le gustaba cambiar, le pesaba hacer y aprender cosas nuevas, gustaba de repetir sus costumbres, y no presentaba ánimo para hacer cosas diferentes. Por las mañanas, despertaba al alba, su gato negro de un brinco subía a la cama, ella lo saludaba acariciándolo, se ponía las sandalias, se lavaba la cara y se preparaba un café de olla, mismo que acompañaba de un pan medio duro. No le gustaba gastar, era de gustos y gastos sencillos, su casa parecía que estaba detenida en el tiempo cincuenta años atrás. Conficia siempre se dirigía a la vieja y misteriosa casona, mucho tiempo estuvo desocupada, hasta que un buen día llegaron los nuevos inquilinos, que nadie supo de donde venían. La casa era de piedra y madera, desgastada por el tiempo, estaba circundada por una reja metálica que rechinaba con el viento. En la parte más alta, una veleta producía un ruido lúgubre.

En la entrada, los nuevos habitantes, colocaron un letrero desgastado color dorado que decía: “El Pato de Oro”. Doña Conficia, unos días merodeó cerca de la antigua vivienda, de la que corrían muchos rumores, hasta que un buen día se armó de valor y entró. ¿ Qué pasó en esa ocasión ? Hasta ahora es un misterio. Lo que sí se sabe, es que Doña Conficia, se aficionó a visitar ese enigmático lugar, y poco a poco los habitantes de ese poblado, empezaron a hacer lo mismo. La vieja dama, acudía sigilosa con una bolsa de papel color café, arrugada, desgastada y rota, en ella llevaba con sigilo un fajo de billetes, producto del pago de sus rentas. Se dirigía a una de las habitaciones y entregaba el dinero a un hombre, que estaba en un escritorio que tenía un letrero que decía: “cajero”. Este hombre, le atendía siempre y se mostraba verdaderamente interesado en atenderla como ella se merecía, el sujeto era siempre atento, si estaba alguien en la fila antes que ella, le pedía esperar y daba prioridad a Doña Conficia, quien se esponjaba como pavo real y pensaba, “aquí si me atienden como merezco.

Al terminar su operación, la distinguida clienta pedía que le entregaran el ticket del movimiento que había realizado con la cantidad de la operación, lo tomaba y guardaba en la bolsa de papel que invariablemente llevaba; el cajero, mientras doña Conficia tomaba el recibo y se disponía a leerlo, le interrumpía amable y le decía melosamente: “Doña Conficia estamos para servirle”. Y ella se regodeaba de lo bien que sabían atenderla y salía con mucha discreción del lugar. Pero un día paso algo diferente… el viento soplaba, el día era gris, Conficia llegó a la casona sombría, se dirigió a la habitación acostumbrada, y encontró que no estaba el hombre de siempre, notó que había muchas cajas, como de mudanza, sin embargo no le dio importancia, ella había ido durante mucho tiempo a ese lugar y conocía al personal, así que al no identificar a la nueva empleada, la mujer de edad, ahora si, precavida y desconfiada, al terminar su operación pidió que le indicara cuál era el nuevo saldo de su cuenta. La desconocida empleada, una vez terminado el proceso de depósito, poner sellos e imprimir talones y formatos, le entregó el saldo correspondiente, y cuál fue la sorpresa y susto de Conficia, al ver que su cuenta casi estaba en ceros, de no ser por el depósito que acababa de realizar. La mujer palideció, sus labios se torcieron y temblaron levemente, sus ojos crecieron en un instante y recuperando la compostura, dijo en un tono de molestia y confusión, que ése no era el dato correcto, que debería aprender a hacer bien las operaciones, que ella tenía todos los papelitos y ésa no era la cantidad que debería sumar. Así que pidió ser atendida por alguien más, para que le aclararán la situación; sin embargo, ésta persona, que también era nueva en el negocio, sólo le confirmó los datos que ya le habían entregado. La mujer, incrédula y airada, decidió retirarse a su casa; buscó una pequeña libreta donde tenía anotados todos y cada uno de sus depósitos, se sentó frente a una mesa, colocó todos sus papeles, abrió las cortinas (que casi siempre tenía cerradas) para que entrara más luz, -como si eso exorcizara los fantasmas del temor de ver perdidos sus ahorros-, y buscó rápidamente en una caja en la que guardaba todos los comprobantes que le entregaban cuando hacía sus operaciones. Se puso a comparar las anotaciones de su libreta con los papeles que le daban, coincidían perfectamente las cantidades, así que con toda dignidad, gravedad e indignación, decidió regresar a las oficinas donde realizaba sus operaciones para presentar una queja formal en contra de los “jóvenes inexpertos” y tal vez malintencionados, que la habían atendido. Cuando llegó al establecimiento financiero le dijeron que no podían atenderla sin cita, sin embargo, ante su insistencia fue atendida por una persona de traje gris y corbata negra, que dijo ser el nuevo gerente, estaba perfectamente peinado y con los zapatos muy limpios. La señora estaba muy molesta, sus ojos que eran pequeños, con el enojo tenían ya un gran tamaño, su nariz se ensanchaba al respirar; la mujer delgada y tranquila, había sido remplazada por una matrona muy airada, quien con un tono de urgencia le explicó al encargado que los números que le informaban no concordaban, que no coincidían con los que ella tenía en su libreta y en los papelitos. Con diligencia, nuevamente el administrador le informa que su cuenta tenía un saldo mucho menor al que ella decía tener, ella, insistente muestra sus anotaciones y los recibos que le entregaban. Al revisarlos, su interlocutor, confirma que no correspondían los datos de la clienta y los del Pato de Oro, toma la libreta y los papeles, comenzando a revisar uno por uno, hasta que dice, ¡ya sé lo que pasó! señalando con un lápiz la palabra “Abonos”, y dijo: “estos son los depósitos, a su cuenta y estos son “Cargos”, estos son los retiros de su cuenta, es decir, estos se restan de la cuenta, no se suman”.

Conficia fuera de sí dijo: ¡pero yo no saco dinero, yo lo vengo a dejar, pido mi comprobante y aquí está! desaforada comenzó a elevar el tono de voz y a repetir casi gritando, que ella siempre venía a depositar, el gerente le respondió que no podía hacer nada, que fue sú error no verificar los documentos, y que en caja de ahorros “El Pato de Oro” no podían resolver el problema que tenía, pues cuando ella salía de la oficina era porque el movimiento se había realizado conforme a sus instrucciones. Lo que hacía el antiguo cajero era retirar en vez de depositar, se quedaba con el dinero que la dama iba a guardar a su cuenta, y al mismo tiempo retiraba una cantidad igual. El desleal empleado tomaba ambos montos, el que llevaba la clienta, y el que retiraba él en una suma idéntica. Conficia únicamente veía la cifra sin reparar si era depósito o retiro, así, los ahorros que tardó años en hacer crecer, ahora se habían esfumado. Desafortunadamente, la mujer nunca se preocupó por verificar sus comprobantes, tampoco se ocupó de saber si la institución en la que guardaba su dinero, era una institución formalmente registrada y autorizada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Y que su personal para brindar asesoría en inversiones estuviera debidamente certificado por la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles. Meses después, luego de muchos casos más como éste, el “Pato de Oro” cerró, y el dinero de los clientes voló.

Cuentos de terror financiero.
Yurima Cruz

 

 


 

El caso más reciente en México:

Es una estafa realizada en contra de alrededor de 6,000 ahorradores mexicanos por Rafael Antonio Olvera Amezcua, el accionista principal de Ficrea S.A. de C.V., SFP, una financiera popular avalada y supervisada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) de México. 1

La notoriedad pública de este caso de fraude surgió el 7 de noviembre de 2014, cuando la CNBV anunció que intervendría a la financiera, por sospechas del delito de Lavado de dinero. Con estas acción, quedaron congelados los ahorros de más de 6 mil personas, la mayoría de estados como Distrito Federal, Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Puebla, Querétaro, Coahuila, Nuevo León, quienes tenían en la financiera, en conjunto, poco más de 6 mil millones de pesos (unos 414 millones de dólares).

Por ley, la CNBV debía nombrar un interventor para realizar tomar el control de Ficrea, para lo cual tenía legalmente un periodo de seis meses antes de decidir si la financiera volvió a operar, si se transformaba o fusionaba con algún banco, o si sería liquidada. El 19 de diciembre de 2014, la CNBV anunció que retiraba a Ficrea la licencia para operar como Sociedad Financiera Popular, regida bajo la Ley de Ahorro y Crédito Popular, con lo que de forma automática se procedía a la liquidación de la misma.

Este hecho causó que más de seis mil ahorradores estuvieran en riesgo de perder sus patrimonios. La CNBV acusó como causa de la revocación, un faltante de 2 mil 700 millones de pesos, producto de un fraude de parte del accionista principal, Rafael Antonio Olvera Amezcua, quien desvió esos recursos para comprar vehículos de lujo, y edificios y departamentos para uso propio y de su familia. 2 3

Fue hasta el 6 de enero de 2015, que jueces mexicanos emitieron órdenes de aprehensión contra Olvera Amezcua, por lavado de dinero y delincuencia organizada. El gobierno de México reportó que el acusado se encontraba fuera del país, mientras que el gobierno mexicano emitió una alerta para que la Policía Internacional (Interpol) realizara su búsqueda por 190 países, para que fuera extraditado a México.

Desde el momento de la intervención de la financiera, las autoridades mexicanas informaron que Olvera Amezcua realizó operaciones ilegales, como transferir recursos de Ficrea a empresas de su propiedad, en especial las conformadas por Grupo Trade: Leadman Trade S.A. de C.V., Baus & Jackman y Monka S.A. de C.V. Esta última sólo existe en el papel, mientras que las dos primeras son empresas reales, que recibieron ilegalmente fondos de Ficrea.

Conforme han avanzado las investigaciones periodísticas se ha descubierto que Olvera Amezcua había registrado en México y al menos otros tres países (Estados Unidos, España y Gran Bretaña) alrededor de 100 empresas, varias sólo de papel, presuntamente con el fin de colocar los recursos extraídos a Ficrea.

Desde el momento de la intervención, la CNBV anunció que la Procuraduría General de la República de México (PGR), se había encargado de intervenir a las empresas de Grupo Trade, dedicadas mayormente al arrendamiento de maquinaria y otros activos, así como a las bienes raíces, dado que estas no formaban parte del sistema financiero mexicano.


 

¿ Sabes lo que es la CNBV ? ¿ Qué funciones tiene ?  ¿ Sabes lo que es la CONDUSEF ? ¿ Qué funciones tiene ? ¿ Sabes que dependencias de gobierno son las responsables por tener “un ojo” en tu dinero ? ¿ Qué pasa si tienes invertido tu dinero con un familiar y éste fallece ?

 

 

 

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